D'A

Edición 1: diciembre de 2011

Rehabilitación Casa Broner

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Una nueva casa Broner

Isabel Feliu & Raimon Ollé, arquitectes

El proyecto de rehabilitación de la casa Broner se adjudicó por concurso convocado conjuntamente por el Ayuntamiento de Ibiza y la Demarcación de Ibiza y Formentera del COAIB (Col·legi Oficial d’Arquitectes de les Illes Balears). El Ayuntamiento había recibido la casa en donación al morir la viuda de Erwin Broner, Gisela, en 2005, y a la Demarcación de Ibiza y Formentera del COAIB le había sido legado todo el fondo documental de Erwin Broner, que recoge básicamente planos y un extenso archivo fotográfico.

Por una vez nos resultó útil, a efectos de concurso, haber trabajado intensivamente en proyectos de rehabilitación y fuimos seleccionados. Hasta entonces, el conocimiento que teníamos de la casa Broner se limitaba prácticamente a la visión que se obtiene de la casa desde el mar cuando se sale a navegar –ya que es un edificio prácticamente sin fachada en tierra firme- o a la concisa información, tanto gráfica como escrita, que puede extraerse de la monografía sobre Erwin Broner que el COAIB publicó en 1994 (D’A núm. 11/12, abril 1994).

Lo primero que pedimos, lógicamente, fue poder visitar la casa y consultar el archivo Broner del COAIB, por entonces en proceso de restauración. Se trataba de una atribución expresamente recogida en las bases del concurso y, más allá del propio proyecto, para nosotros constituía uno de los principales atractivos del conjunto de la actuación.

 

Primera visita a la casa

Bien, el panorama era bastante desolador: la casa llevaba tres años totalmente desocupada. Durante los últimos años, Gisela, esposa de Erwin, ya muy impedida, era prácticamente incapaz de realizar actividades elementales de cuidado personal propio y aún menos tareas de mantenimiento doméstico de una vivienda. Todo ello en un barrio muy degradado y conflictivo socialmente –casi una especie de gueto urbano-, con un vecindario en situación de práctica exclusión social, y en un ambiente húmedo y corrosivo debido a la inmediata proximidad del mar, todo lo cual se traducía en una evidente falta de mantenimiento y en la presencia de numerosos elementos descontextualizados y pequeñas actuaciones anacrónicas.

En el exterior, más allá de la falta de mantenimiento, se detectaban evidentes indicios de una sistemática intrusión: acumulación de todo tipo de residuos, incluso orgánicos y animales, jeringuillas, preservativos… El edificio, dado el contexto, habido sido objeto de una gradual bunkerización, con vallados de todos los espacios semiabiertos y tapiados preventivos de algunas aberturas.

En el interior la casa estaba vacía de muebles y otros objetos personales, ya que habían sido retirados en su momento para su restauración y/o conservación; algunos de estos elementos habían sido diseñados por el propio Erwin Broner y se habían incluido en la declaración de Bien de Interés Cultural. En aquel momento el estado de la vivienda era el propio de una casa cerrada y vacía durante tres años, de cincuenta años de antigüedad, pero que aún mantenía una cierta integridad en su conjunto. Un comercial inmobiliario podría decir: “para entrar a vivir”. Esta situación, lamentablemente, cambiaría en los meses que habrían de transcurrir hasta el inicio de la obra, siendo repetidamente violada, ocupada y obligando a tapiar prácticamente todas sus aberturas.

 

Consulta del archivo

La consulta del Archivo Broner fue una experiencia ciertamente emocionante. La confrontación con aquel cúmulo de planos e imágenes dibujados y fotografiados por el propio Erwin Broner –muchos de ellos todavía por restaurar,  manipulables con extremo cuidado-, trascendía sin duda nuestro trabajo habitual como arquitectos y, haciéndonos regresar a la mítica Ibiza de los años cincuenta y sesenta, nos hacía partícipes de la fascinación y del entusiasmo que despertó en aquel momento la isla de Ibiza y el barrio de la Peña en Erwin y Gisela, así como del fuerte contenido ideológico que había detrás de cada una de sus actuaciones en general y de la casa Broner en particular. Los planos y las fotografías de su proceso constructivo nos permitieron, asimismo, adentrarnos en alguno de los secretos de la casa. En definitiva, toda esta documentación nos proporcionaba nuevas claves para  la adopción de una estrategia definitiva de actuación.

La casa Broner, en su diseño original, muestra de manera contundente las ideas y convicciones de Erwin Broner. Es, en síntesis, una fuerte apuesta personal, una declaración radical que recoge las teorías funcionalistas del Movimiento Moderno, amablemente conjugadas con un entorno urbanístico, arquitectónico, paisajístico y cultural de profundas raíces populares y étnicas. La casa es un compendio constructivo y arquitectónico de estos dos mundos, aquí perfectamente entrelazados.

La casa consta de dos plantas construidas: la superior es la vivienda propiamente dicha, abierta al exterior mediante un gran ventanal que ocupa todo el frente del edificio, y la planta inferior es la zona de trabajo de Erwin Broner, el estudio donde desarrollaba su actividad tanto pictórica como de proyectista; un espacio recóndito, casi secreto, que favorece el trabajo y la reflexión. Erwin Broner concibió estos dos ámbitos segregados funcionalmente, con  accesos independientes, para lo cual construyó un pequeño pero espectacular puente sobre el precipicio de la Peña que permite llegar directamente al estudio.

La planta inferior, de muros macizos de mampostería, correspondientes a la antigua edificación del solar, sirve de zócalo de una construcción concebida a partir de una elegante levedad, con una estructura de pilares y grandes aberturas que casi vuela ingrávida sobre el acantilado y el mar Mediterráneo. El interior es un juego de transparencias abiertas al mar, con la isla de Formentera en el horizonte. Las referencias terrestres parecen desvanecerse ante la imponente presencia del mar abierto y de la amplia extensión del cielo.

Finalmente, la planta cubierta, no solo “transitable” sino completamente “habitable”, explota aún más el potencial del emplazamiento y formaliza otro de los preceptos cardinales del Movimiento Moderno.

Es una casa en la que los límites del interior y del exterior son confusos; el interior se funde con el exterior, y al revés. Así, una casa de unos 80 m2 construidos se convierte prácticamente en un espacio habitable de más de 200 m2. Es éste, también, un indicador de otra de las características de la casa Broner: la estricta economía de recursos y su dotación espartana.

De hecho, comparando los planos con lo que podemos deducir que se construyó inicialmente, nos damos cuenta de que es un proyecto de alguna forma inacabado, producto de esta austeridad o de la renuncia voluntaria a todo lo que no fuese, en un principio, estrictamente indispensable. La casa Broner, en cierto modo, se construyó a la manera ancestral, a la manera de las casas rurales ibicencas que iban creciendo con el tiempo, en función de las necesidades y recursos disponibles.

Bien, con esta información previa, con mucha información fotográfica del archivo, sin apenas tiempo para digerirla, tuvimos que redactar a toda prisa -10 días, según las bases del concurso- un proyecto básico que no podía más que establecer unos criterios generales de actuación en un documento más administrativo que otra cosa. No disponíamos de pruebas o de ensayos de los materiales existentes, estudios geotécnicos, etc.; ni siquiera de un programa funcional detallado. En cuanto al uso del edificio, éste consistiría, se nos decía, en convertirse en la “sede de la Fundación Broner”.

 

Proyecto

Entonces, ¿cuáles debían ser los criterios de actuación? o, ¿cómo entendemos nosotros que debería ser cualquier proceso de rehabilitación? Reconocemos dos hilos conductores, dos leitmotivs:

 

1. Cambio de uso

Todo cambio de uso, toda implantación de un nuevo programa funcional en una edificación existente, plantea una primera contradicción evidente entre contenedor y nueva actividad a desarrollar. La resolución de esta incoherencia constituirá un parámetro definitorio de toda actuación.

En el caso que nos ocupa el programa original, como se ha explicado, consistía en un edificio destinado a vivienda y estudio, con una cierta independencia espacial y funcional entre ambos usos. En cuanto al nuevo programa, como decíamos, el único dato previo consistía en saber que sería “sede de la Fundación Broner”, todavía sin constituir, ni legal ni virtualmente, con una perspectiva incierta y con unos interrogantes muy evidentes con respecto a sus contenidos, sus actividades y su modelo de gestión. Se sobreentendía un cierto uso museístico, existían unos cuantos borradores de estatutos, pero no había ningún plan museológico o de actividades, ni parecía que se fuese a redactar de manera inmediata. No teníamos, pues, un programa funcional detallado en el que se especificaran requerimientos concretos. Podíamos, por nuestra parte, buscar referencias de casos similares, y sí que estábamos de acuerdo con los responsables del encargo y del concurso (COAIB y Ayuntamiento de Ibiza) en que tendría que ser una casa visitable –huyendo, eso sí, del concepto inequívoco de “casa–museo”- y, a la vez, un centro de actividades diversas relacionadas con los contenidos y materias que puede llegar a generar la figura de Erwin Broner en toda su dimensión como arquitecto, artista y ciudadano.

En vista de tal circunstancia era importante, en primer lugar, preservar el carácter residencial del edificio. Se debe considerar como un hecho diferencial y trascendente la decisión de Erwin Broner de fijar su residencia –tras recorrer toda la isla- en un barrio como el de la Peña. Y otro rasgo esencial lo encontramos en la dualidad funcional y formal de la casa (vivienda en la planta superior, estudio en la planta inferior) que, en este sentido, funcionaba muy bien. Mostrar la calidad doméstica de la antigua vivienda, con toda su magnificencia y singularidad, y potenciar la utilización activa y continuada del espacio de trabajo podía ser un punto de arranque adecuado en una actuación arquitectónica que, ineludiblemente, tendría que desarrollarse y concretarse en el planteamiento de las actividades futuras en el edificio.

Salvando las distancias, pues, casi se puede considerar que el uso de los espacios permanece conceptualmente sin variación y fiel a la propuesta original de Erwin Broner, con matices y con una flexibilización que se deberían poder salvar con la adaptación consecuente de elementos de mobiliario o de otros recursos.

 

2. Lenguaje

Entendemos que el segundo parámetro definitorio de cualquier proyecto de rehabilitación es el que resulta del lenguaje arquitectónico propiamente dicho. En ningún caso parece que la simple reconstrucción mimética de un estado anterior pueda llegar a suscitar un interés más allá de lo meramente testimonial. Nunca podrá estar dotado de espíritu crítico, y tendrá poco o nulo potencial didáctico. El transcurso del tiempo, el envejecimiento, son parte consubstancial de la arquitectura, y la simple recreación del pasado tiende inexorablemente a detenerlos. La museización indiscriminada, entendida como la exposición deseada de un tiempo y de un estado pretendidamente ideal, no puede ser otra cosa que el preámbulo de una fosilización definitiva, una defunción irreversible de lo exhibido.

Siempre huiremos de estas actitudes poco sinceras que niegan el paso del tiempo y la misma dignidad del envejecimiento, que borran para siempre la pátina de los años. Rehabilitar no puede ser igual a renovar. Igual que con la dualidad nuevo/antiguo que se plantea desde el punto de vista funcional, en el aspecto compositivo la tensión generada por la contraposición de lo existente y lo nuevo resultará siempre enriquecedora y aportará un valor añadido. Otra vez la articulación de los dos lenguajes pondrá al descubierto virtudes y defectos de ambas maneras de hacer. Y, es cierto, en caso de duda siempre será recomendable una actitud de contención, evitando en todo momento el posible (y a veces parecería que inevitable) afán de protagonismo del arquitecto.

¿Pero qué ocurre cuando intervenimos sobre un objeto/construcción/edificio que se ha concebido en nuestra lengua materna?... Es decir, el lenguaje que nosotros aportaríamos como factor de tensión, como contrapunto a la preexistencia, el lenguaje de nuestra formación académica, el lenguaje de nuestra práctica profesional más habitual; ¿y qué sucede cuando, además, se ha concebido con la esencia más estricta de este lenguaje, convirtiéndose en un modelo y en una declaración?… Un lenguaje de unos valores compositivos, constructivos y (socio)económicos que continúan vigentes (o vuelven a estarlo, más que nunca), vanguardistas en muchos aspectos.

Nos encontrábamos, ciertamente, ante un caso muy particular que hacía imposible toda dialéctica, un caso en el que la rehabilitación debía limitarse a una recuperación “del original”, es decir, ante una restauración en su acepción más estricta e inmediata: una restauración constructiva, compositiva y funcional, sin negar, eso sí, que estábamos ante un edificio de más de 50 años de antigüedad.

Así pues, el proyecto de restauración de la casa Broner se planteó con la firme voluntad de restituir el proyecto original concebido por Erwin Broner. Con la restauración se ha pretendido recuperar el espíritu y la letra de una apuesta que representaba la realización de una idea muy cercana al paraíso para un centroeuropeo seducido por una tradición popular que, de tan arcaica, había cerrado el círculo con el mundo industrial.

Todo ello, de alguna manera, lo intentamos plasmar en la documentación del proyecto. Tenía que ser un proyecto tanto de actitud como técnico.

 

En la obra

Superada la fase de proyecto un poco acelerada dadas las circunstancias, en la obra la base de trabajo fueron los planos originales y, sobre todo, el extenso archivo fotográfico del propio Broner facilitado por la Demarcación de Ibiza y Formentera del COAIB. Muchas de las decisiones las tomamos a pie de obra, analizando y reconstruyendo de manera minuciosa a partir de las imágenes, las huellas y los pequeños secretos que nos iba revelando la misma casa. De nuevo, las imágenes de la construcción de la casa Broner fueron clave durante la ejecución para entender el funcionamiento del edificio en cuanto a materiales y diseño estructural. Las visitas de obra eran diarias y era una forma de trabajar, por lo que sabemos, muy similar a la del mismo Erwin Broner.

Y fue analizando toda esta información como descubrimos que no había un único proyecto original de la casa Broner. Este edificio siempre ha sido un espacio vivo o, mejor dicho, un espacio vivido, sometido a numerosas y continuadas intervenciones, quizá poco relevantes individualmente, pero relativamente significativas en su conjunto. Se trata casi siempre de intervenciones de detalle, en respuesta a una variabilidad funcional que surge en muchas ocasiones de una contención inicial muy estricta y que, en el día a día con su mujer, Gisela, estaba sometida a una continua revisión. Son variaciones propias de una inquietud permanente, de quien no sabe (o no quiere) conformarse con el compromiso que implica cualquier decisión, de quien no sabe (o no quiere) asumir las renuncias implícitas en la búsqueda de lo esencial. Eran, como decíamos, modificaciones a menudo sutiles: la altura y forma de los bancos de obra, la dimensión de su banqueta, o de las jardineras y zócalos de las terrazas, etc.; modificaciones con frecuencia relacionadas con las visuales, con el horizonte del mar y la isla de Formentera, entendidos como parámetro determinante de las diferentes maneras de sentarse, de tratar la luz y la protección solar, de disfrutar de un rincón determinado de la casa, o de resolver las barandillas u otros elementos; elementos inicialmente accesorios que acababan por integrarse indisolublemente en la arquitectura construida.

Erwin Broner murió en 1971. Hasta 2005 Gisela habitó en solitario la casa y también se realizaron algunas modificaciones que básicamente consistieron en una creciente compartimentación de una apuesta ciertamente vanguardista en su configuración original, así como en un aislamiento frente a la progresiva degradación social del barrio.

Durante la restauración de la casa Broner, en consecuencia, a pesar de tener muy claro el espíritu de la intervención expuesto anteriormente, se ha tenido que escoger permanentemente entre diferentes configuraciones de todo un cúmulo de pequeños detalles. Nosotros hemos hecho una selección, la que más nos ha interesado, o quizá la que nos ha parecido más representativa del espíritu de Erwin Broner. Pero esta selección ha implicado una renuncia a otras muchas soluciones posibles. El resultado no es inequívoco, podría haber sido otro. Es, nuestra selección, el resultado de múltiples decisiones, de una acumulación de soluciones fragmentarias objeto de una precisa cosecha del pasado, un conjunto de soluciones de detalle que no necesariamente habían coexistido en el tiempo y que, por tanto, configuran un edificio que, en su globalidad literal, nunca ha existido anteriormente. La restauración de la casa Broner según su proyecto original resulta, pues, en una nueva casa Broner, una de las muchas posibles.

Este juego, surgido de manera casi involuntaria, debería formar parte del futuro montaje expositivo, implicar a cualquier visitante de la casa. Cualquiera, de una forma lúdica y didáctica, tendría que poder encontrar su propia casa Broner particular.

 

© 2012 D’A digital COL·LEGI OFICIAL D’ARQUITECTES DE LES ILLES BALEARS