D'A

Edición 3: mayo de 2013

  • dibuix

Utzon visto de cerca en Mallorca

(un testimonio personal de un encuentro en 2003)

Joana Maria Roque i Andreu Manresa

"驴Arquitecto-artista? No, yo soy un constructor". J酶rn Utzon (1918-2008) hizo esta afirmaci贸n en 2003, sin contundencia, sentado en un balanc铆n mallorqu铆n de tela, el d铆a en que le dieron el Premio Pritzker. Era un mediod铆a c谩lido de un domingo de abril, en la parte alta de la Marina de Felanitx, en una colina suave donde est谩 can Feliz. Aquel fue el primer sitio que escogi贸 el genial creador para hacerse su casa -tierra adentro, en Mallorca, aunque la finca no ten铆a, en los a帽os setenta, normativa urban铆stica, nos dijo. Cont贸 que entonces sigui贸 buscando y lleg贸 a la orilla del mar, a Portopetro, y en sus pe帽as edific贸 el principal mito constructivo de la Mallorca del siglo XX, una casa nueva hecha de mar猫s (piedra arenisca) visto: can Lis.

Aquel d铆a, cada d铆a, Utzon estaba sentado con la isla de frente, delante de un gran ventanal -enorme- abierto al sur, hacia las pendientes entre es Carritx贸 y s'Horta que se extienden en llanos suaves y largos hacia Cabrera. All铆 todo ten铆a el aire sereno de Utzon. Antes de hacer y levantar esta segunda casa mallorquina mir贸 y busc贸 las razones de la naturaleza. Quiso conocer la orientaci贸n de los vientos y el rastro del sol; tambi茅n, c贸mo construyeron sus casas los antiguos huertanos de los alrededores y vecinos. Contempl贸 c贸mo era la naturaleza forzada de los 谩rboles y, finalmente, quiso atrapar toda el alma de la tierra. Hac铆a falta explicarse c贸mo se viv铆a aqu铆, c贸mo se constru铆an las casas antes de que 茅l llegase.

En la casa hay pocas puertas y ninguna persiana "para dar poco trabajo a la gente", observ贸. Dobles muros contra la humedad, paredes gruesas. 脫rdenes id茅nticos en el suelo de piedra y en las l铆neas de las vigas y las bovedillas. "Es as铆, natural, sin misterios. El mismo orden que hay arriba, en el techo, est谩 en el suelo, abajo, en el pavimento", apunt贸. Lo que importa y es definitorio en las obras son la funci贸n, el material y la situaci贸n. "Los elementos y la reflexi贸n son claves para buscar la soluci贸n final, in situ, desde la serenidad", explic贸, "sin artificios", armando los silencios y los juegos de manos.

Durante su vida en Mallorca J酶rn Utzon no exalt贸 su ego con edificios ic贸nicos ni cultiv贸 una leyenda local. Encontr贸 la justa met谩fora de la existencia civil en la discreci贸n y el anonimato. Ignorado durante d茅cadas por los poderes p煤blicos y por el establishment, el personaje es su obra. 脡l nunca se exhibi贸 ni habl贸 con los medios. As铆 y todo, los muros de factura mallorquina de Utzon han sido punto de peregrinaci贸n de colegas y estudiantes de todo el mundo. El autor del gran icono arquitect贸nico que defini贸 medio siglo XX para una ciudad, un pa铆s y el mar, la Opera House de Sydney, pas贸 por Mallorca sin dejar huella. En tan s贸lo dos casas peque帽as, sin ninguna 贸pera a帽adida, sin efecto artefacto, nos ha legado dos postreros testamentos, dos viviendas ejemplares, casi perfectas.

"Ten茅is que hacerle un rendez-vous", nos avis贸 su hija Lin, la ceramista, cuando hicimos una gesti贸n para entrevistarlo, finalmente, con motivo del premio Pritzker. Le llamamos y nos cit贸 de improviso para el d铆a siguiente. Dud贸 si sabr铆amos encontrar can Feliz. Nos sab铆amos el camino de memoria. "Es nuestro para铆so", nos declar贸, en plural, con su mujer, Lis, amable y cuasi angelical. Ella nos sirvi贸 galletas danesas de mantequilla y un zumo de pi帽a para animar la conversaci贸n. Los Utzon se consideraban isle帽os. "Somos residentes", dijo 茅l, que hablaba con los payeses de los huertos de los caminos cercanos y paseaba lentamente por los senderos de ronda o por la orilla del mar.

J酶rn Utzon vivi贸 medio a帽o en la isla durante casi cuatro d茅cadas. Fue en realidad su esposa Lis quien eligi贸 vivir en Mallorca. Quer铆a un peque帽o refugio, lejos de los vientos de las pol茅micas y tempestades de la 贸pera de Sydney (Australia). Lis traslad贸 a J酶rn -nos cont贸- la ilusi贸n de tener una casa peque帽a en un mar diferente al n贸rdico. Con los a帽os, en Portopetro, los azules acerados del sol, reflejado sobre la inmensa l谩mina del mar abierto, sin obst谩culos ni distancias, ante sus ventanales sobre el acantilado, eran demasiado intensos para una persona mayor de piel blanca y ojos claros del lejano norte, hechos a dos estaciones de sol bajo, con poca luz. El arquitecto tem铆a padecer "la enfermedad de los marineros daneses", la mirada castigada, la vista maltratada de tanto color azul y los reflejos.

Marcharse tierra adentro, isla arriba, establecerse en la colina no era una retirada, la renuncia al manifiesto inicial, la b煤squeda de una nueva propuesta de rectificaci贸n. En s'Horta, can Feliz, sobre un terreno de grava, poca tierra, monte bajo, labrant铆o medio olvidado, era un 谩mbito de serenidad y austeridad expresiva. Justo bajo el islote de piedra del castillo de Santueri, por cierto. Utzon volvi贸 a hacer un contramanifiesto de eficacia y sobriedad que desdice toda la arquitectura tur铆stica y residencial que hab铆a visto perpetrar a su alrededor.

Levant贸 un 谩mbito donde, indicaba, se ve铆a crecer la luz y pasar el tiempo de las estaciones, vivir y morir la naturaleza mediterr谩nea, c贸mo cambiaba el cielo, mudaban los colores, viv铆an y mor铆an las plantas y se rehac铆a la misma tierra. All谩 construyeron can Feliz, de la que alguien dijo que era una casa de invierno pero 茅l, Utzon, lo neg贸. Reiter贸 que era para siempre, para vivir todo el a帽o. Con ventanales abiertos al entorno, climatizaci贸n natural -ya lo dec铆an los alba帽iles mientras edificaban la vivienda-, no se deb铆a de pasar demasiado fr铆o o demasiado calor. El cuerpo es de piedra arenisca de los alrededores, tejas de barro cocido, vigas de hormig贸n del poeta Dami脿 Huguet.

Las casas de Utzon son del mismo material, la misma materia, de su admirada Catedral o, especialmente, de la Lonja de Palma. El protagonista de D'A mostr贸 "gran admiraci贸n" por la arquitectura monumental indudable de Mallorca; y tambi茅n destacaba las construcciones sabias y sencillas, experimentadas, dec铆a, con errores subsanados, si acaso, de los payeses y habitantes de los pueblos.

Algunos vecinos le preguntaban al principio cu谩ndo acabar铆a can Feliz, se preguntaban por qu茅 no la ten铆a acabada, revocada y encalada. Le preguntaban si habitaba una casa sin acabar. El autor dec铆a siempre que s铆, que ninguna casa puede darse por acabada o es definitiva, que tienen que poder moverse y cambiar como la vida. De hecho, en el muro de levante de la casa de Utzon hab铆a una ventana sellada, un vano cegado, un error, sin disimular. 驴Por qu茅?, se preguntaba, despu茅s de decir que entraba demasiado sol sobre el espacio central de vida, donde nos encontr谩bamos charlando.

Arquitectura -cre铆a Utzon- es crear un mundo m谩s humano y agradable en nuestro entorno, soluciones para las necesidades, para todas las actividades de nuestras vidas, combinadas con sensatez, y, acaso, un poco de fantas铆a. Y sin excesos ni injertos. Utzon mir贸 al exterior de su casa, sin jardiner铆a recreada. "驴Jardines, por qu茅 hay que hacer jardines artificiales en un sitio en el que la naturaleza nos proporciona los jardines hechos? Otra cosa son los huertos" (junto a su casa quedan peque帽os huertos payeses, de origen musulm谩n, una huella de m谩s de 1200 a帽os). "En el mundo, en los 煤ltimos 40 a帽os hemos construido m谩s que en toda la historia", sentenci贸 en otro momento de la conversaci贸n.

Secretos e hitos

En el bloc de los periodistas Utzon dibuj贸 y mostr贸 la semilla del secreto creativo de la obra de la 脫pera de Sydney. Neg贸 los t贸picos en diez segundos, a pesar de las manos cansadas y la vista de pescador: aquello no tiene forma de cangrejo, ni es una naranja a gajos, ni son una idea sobre las velas marinas. "Es una esfera a trozos. Solo en una esfera es posible construir as铆 desde una geometr铆a muy simple. Es un edificio simb贸lico, con funciones".

En Mallorca dirigi贸 la obra de su nueva casa -tambi茅n de la primera-; cog铆a el l谩piz de alba帽il y, si acaso, dibujaba sobre un trozo de piedra, una pieza de mar猫s para esbozar el ajuste final de un muro y un estante. Los peones explicaron que agarraba un serrucho para mostrar c贸mo dar el corte y el aspecto a una escuadra o a una junta. Y, sobre todo, narraban que se sentaba en un punto y miraba, reflexionaba c贸mo los espacios y los vanos al exterior funcionaban.聽 Y la perfil贸 en dos apuntes a bol铆grafo.

La casa de Portopetro se concret贸 en una mesa de casino. Al maestro de obras le hizo una maqueta improvisada con terrones de az煤car. "Es verdad. Era la mejor forma de configurar la construcci贸n. En mi ojo interior ten铆a los modelos prefijados, la casa en posici贸n sobre la costa y el horizonte, con la expresi贸n de muros y ventanas, las desviaciones de luz. En can Feliz ya no hay contrastes de luz tan grandes y hemos pensado nuevas soluciones", determin贸. En la mesa ten铆a un mural de tiras de color para un mural que pensaba hacer. En el suelo, en la sala, una ramita seca de almendro, como una insinuante escultura de tres l铆neas, tambi茅n un siurell.

Nos habl贸 del exceso de construcci贸n, pero no quiso comentar la arquitectura contempor谩nea de Mallorca, tan diferente de sus conceptos de esencia, tiempo y naturaleza; en cambio, dibuj贸 una sonrisa amable cuando en la conversaci贸n sali贸 el nombre de Rafael Moneo, que tambi茅n tiene casa en Mallorca y ha realizado una pieza importante, el edificio de la Fundaci贸 Pilar i Joan Mir贸, junto al taller levantado por Sert, aisl谩ndose de las horrorosas construcciones tur铆sticas del entorno. De joven Moneo fue hasta Dinamarca para pedir a Utzon que le dejara colaborar con 茅l, y el arquitecto ya famoso lo acogi贸, por insistente y trabajador. Treinta a帽os despu茅s cada uno hab铆a hecho su camino; en 1996 Moneo recibi贸 el premio Pritzker y fue a ver a Utzon para decirle que estaba convencido de que primero se lo deb铆an haber dado a 茅l, su maestro.

© D’A digital COL·LEGI OFICIAL D’ARQUITECTES DE LES ILLES BALEARS