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Edición 3: mayo de 2013

Asientos y tronos

Despuťs de una visita a can Lis el 16 de noviembre del 2012

Carlos Puente

 

‚ÄúNous pouvons faire de la maison, un palais. Et par l¬īurgence du principe d¬īunit√©, le palais, lui, sera une maison.‚ÄĚ

                                                              Le Corbusier. Une maison, un Palais 1928

 

‚ÄúEste sitio es mi altar. Es aqu√≠ donde, con el respeto m√°s profundo, me enfrento a la naturaleza y, con gran pasi√≥n, contemplo el sol y la tierra ante mi.‚ÄĚ

¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬† ¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†¬†J√łrn Utzon. Conversaci√≥n con Henrik Sten M√łller¬† 1995

 

 

Hace ahora treinta a√Īos que vi por vez primera unos planos y unas fotograf√≠as en blanco y negro de can Lis, publicadas en Quaderns.

En aquel mismo n√ļmero de la revista, se pod√≠an ver otras viviendas de inter√©s; entre ellas la de Erwin Broner en Ibiza, muy hermosa, que tampoco conoc√≠a. Pero lo de Broner me resultaba m√°s familiar.

La casa de Utzon, sin embargo, creo recordar que me sacudió entonces como un golpe inesperado.

La gentileza de unos amigos de Mallorca me ha permitido ahora comprobar in situ si los efectos de aquella sacudida se mantenían vivos en el cuerpo a cuerpo.

Hice el viaje desde Palma a Porto Petro expectante. Llegamos al atardecer. Había más gente (arquitectos) en el lugar; demasiada. Pero eso, hoy en día, es casi inevitable en todas las casas que han pasado a ser museos.

Mi primera sorpresa vino del carácter urbano que le otorga al sitio la calle trasera; esa calle ha sido eludida cuidadosamente por todos los fotógrafos (y han sido muchos) que han pasado por allí [1].

Es posible que cuando se construyó la casa en 1972, la situación fuese algo distinta; aunque la calle (o camino) existía y alguna otra casa a lo largo de ella, también. Es difícil saberlo con la documentación fotográfica disponible [2].

Pero‚Ķlos lugares sagrados desde√Īan relacionarse; los fot√≥grafos sucumben a ese imperativo y hacen malabares para ignorar el vecindario, sean otras casas o autopistas: pasa en can Lis, pasa en la Villa Savoye, pasa en la Farnsworth House.

En el imaginario (al menos en el mío), esa casa se enfrentaba al Mediterráneo, posada sobre la plataforma acantilada, con la misma arrogancia y soledad con que lo hace el templo de Poseidón en el cabo Sunion.

Esa primera sorpresa quizás apagó un poco mi encendida imagen juvenil, pero en el fondo no me desagradó: al fin y al cabo no somos dioses; y con la edad, cada vez menos.

La segunda sorpresa vino dada por la temperatura.

La casa, actualmente, es cedida generosamente por la Fundaci√≥n Utzon para estancias de arquitectos, artistas y estudiantes, que pueden vivir all√≠ un tiempo realizando sus estudios relacionados con la arquitectura. Durante unas horas del d√≠a, tienen que soportar la invasi√≥n de las visitas y a partir de cierta hora de la tarde recuperan la intimidad; por eso, cuando nosotros estuvimos, ya atardeciendo, se acercaba ese momento de intimidad; las camas estaban hechas; los edredones de pluma (seguramente daneses) de un blanco impoluto; las l√°mparas junto a las camas, con luz incandescente; todo ello, calentaba la escena con un color de miel; y con un calor que, en realidad, s√≥lo imaginaba el ojo: la temperatura era m√°s bien fr√≠a, como es normal a mediados de noviembre y alg√ļn radiador el√©ctrico port√°til delataba la ilusi√≥n.

Se coment√≥ que en verano la casa era un horno. He pasado varios veranos en la isla de Tabarca y s√© por experiencia que la √ļnica forma de poder dormir en las noches de julio y agosto, es producir en los dormitorios ventilaciones cruzadas para que circule la brisa nocturna. En can Lis no hay ventilaciones cruzadas. En el √ļltimo dormitorio, Kim Utzon abri√≥ con posterioridad un ventanillo en la pared opuesta a la puerta (usando iroko en vez de pino melis), muy denostado por la profesi√≥n.

Puedo suponer que un curtido hombre del norte, y aparentemente deportista, como Utzon, aguantaba sin mayores problemas el frío de estas latitudes; no sé si soportaría con el mismo estoicismo el calor de las noches de agosto.

La tercera sorpresa: se nos explic√≥ una intervenci√≥n reciente para solucionar problemas en los forjados, como consecuencia de la corrosi√≥n de las armaduras de las viguetas. Se entiende, claro; est√° el mar; pero‚Ķ hace treinta a√Īos yo cre√≠ que esta casa pod√≠a estar ah√≠ desde hac√≠a dos mil a√Īos y ah√≠ podr√≠a seguir otros dos mil. El propio Utzon se fotografi√≥ explic√°ndonos lo elemental de la construcci√≥n. Tan elemental que parec√≠a imposible su deterioro‚Ķ¬†

Ahora me daba cuenta de que no estábamos en Micenas, ni en Karnak, ni en Chichen Itza. Esto también la hacía más humana.

Fue pasando el tiempo; el sol iba cayendo; la miel de las bombillas derramada sobre la piedra de marès era más dulce y melancólica. Las nubes sobre el mar eran las mismas de los dibujos de Utzon.

Los habitantes circunstanciales de aquel poblado pase√°bamos de casa en casa (de habitaci√≥n en habitaci√≥n); nos cruz√°bamos en las calles y plazas (los patios); se comentaban peque√Īas banalidades sobre las dichosas guirnaldas de tejas de los aleros (ser√°n galgos o ser√°n podencos). ‚ÄúY si las puso Utzon y ya no est√° para preguntarle, ahora que es un museo ¬Ņqu√© se hace, se dejan o se quitan?‚ÄĚ[3].

Todo contribu√≠a a la hermosura, a la escenograf√≠a [4]; a hacer del sitio un altar, como el mismo Utzon dijo, aunque fuese a√Īos m√°s tarde, y refiri√©ndose ya a can Feliz.

Y sin embargo, ¬Ņqu√© era lo que faltaba? O lo que sobraba‚Ķ

¬ŅEran el fr√≠o o el calor el problema?. No: esas cosas se remedian‚Ķ

¬ŅO que las mesas son altares?; ¬†o m√°s que altares: son el pan mismo de la comuni√≥n repartido en porciones; ¬Ņo que el mar es siempre un retablo?‚Ķ

De pronto, me vino a la memoria otro lugar elegido por otro arquitecto para enfrentarse a este mismo mar: Le Corbusier construye en 1952 su cabanon en Cap Martin.

Prescindiendo de cuestiones de tama√Īo[5], las dos obras tienen la misma voluntad de conformarse con lo m√°s elemental de la arquitectura. Pero hay algo, sobre todo, que ¬†diferencia estos dos lugares: y es la forma que ofrecen de mirar al exterior.

Le Corbusier, en el cabanon, nunca est√° ‚Äúfrente a la ventana‚ÄĚ; a ninguna de las dos que miran al exterior; desde una se puede ver el mar; ante la otra se alza un gran algarrobo. Las dos tienen contraventanas interiores partidas en dos, que pivotan verticalmente; una de las partes est√° pintada por el propio Le Corbusier; la otra es un espejo; el arquitecto manipula estos artefactos como un tramoyista o como un mago su caja cat√≥ptrica. Y el resultado obtenido (el mundo exterior visible) siempre es distinto.

Can Lis me hace recordar los versos de Espriu en Cementiri de Sinera

                                           Els meus ulls ja no saben

                                           Sinó contemplar dies

                                           I sols perduts.

En la liturgia antigua, el oficiante ejecuta su ritual de cara al retablo y salvo en contadas ocasiones no se vuelve hacia los fieles.

En can Lis, como vimos antes, la tramoya est√° preparada de antemano; no se manipula.

Como consecuencia de esa manera de mirar el exterior, se produce un hecho que resulta llamativo e importante: en el cabanon hay asientos; en can Lis hay tronos.

Los asientos del cabanon son ligeros cajones de contrachapado; est√°n hechos para ser movidos y para cambiar de altura (27 x 33 x 43 cm.).

En la caseta de obra que tres a√Īos despu√©s sit√ļa junto al cabanon, el propio¬†Le Corbusier, en carta a su madre, nos explica un nuevo avance en la direcci√≥n contraria al dise√Īo: ‚ÄúMon √©quipement est parfait. Mes 2 si√®ges sont 2 caisses √† whisky vides ramas√®es dans la mer.‚ÄĚ

Los tronos de can Lis son bellísimos, inamovibles y estratégicamente colocados.

Y si uno se sienta en un trono y contempla el mar y espera durante mucho tiempo, puede sucederle lo que al rey Egeo: que acabe viendo llegar velas negras.

Y esto, hace que me pregunte si lo que dice Le Corbusier en Une Maison, un Palais es cierto. Porque quiz√°s una casa puede ser un palacio, pero no es tan evidente que un palacio sea siempre una casa

 

 

P.S.

Le Corbusier construy√≥ el cabanon en 1952. En agosto de ese mismo a√Īo, Brassa√Į visit√≥ al matrimonio Le Corbusier en ese lugar. Al encontrarse, Yvonne coment√≥: ‚ÄúBrassa√Į, vous √™tes t√©moin du cabanon dans lequel mon mari me s√©questre. Regardez! Il me fait coucher par terre √† c√īte de la cuvette du cabinet‚Ķ Je me demande comment j¬īai pu vivre pendant vingt ans avec cet √©nergum√®ne et supporter toutes ses fantaisies.‚ÄĚ

Al final del d√≠a, cuando el sol se hab√≠a escondido detr√°s de las monta√Īas de Montecarlo, lleg√≥ el momento de la despedida y el arquitecto le dijo: ‚ÄúJe me trouve si bien dans mon cabanon que, sans doute, je terminerai ma vie ici‚Ķ‚ÄĚ

Trece a√Īos despu√©s, el¬† 27 de agosto de 1965, sufri√≥ un infarto mientras se ba√Īaba en la playa de Roquebrune, a quinientos metros del cabanon.

Utzon construyó can Lis en 1972. En 1994, la abandonó para trasladarse a can Feliz, más lejos del mar. Murió en Copenhague el 29 de noviembre de 2008.



[1]  Sólo en el reportaje de Per Nagel para Living Architecture de 1989, aparece enmarcado desde el porche de entrada, un trozo del camino, bordeado por un murete de mampuesto en seco.

[2]¬† En los planos que conozco, la calle no aparece representada; tras las tapias que cierran los patios traseros de la casa, s√≥lo se dibujan unos circulitos que se√Īalan los pinos que existen en ese espacio que Utzon cedi√≥ generosamente a la v√≠a p√ļblica; pero en un estado previo del proyecto con fecha de noviembre de 1970, cuando a√ļn se llamaba Casa Olicia, figura en la cartela el nombre de la Calle de la Media Luna 24-25.

[3]¬† A este respecto hay un asunto m√°s oscuro a mi modo de ver. Me refiero al fashion lifting ¬†de los ba√Īos tras la √ļltima reforma en el 2012. Cuando la persona desaparece queda el personaje y a √©ste hay que vestirle (cuando va a ser expuesto a la mirada p√ļblica) como debe ser. Creo que en la Fundaci√≥n Utzon, en este caso, han sido m√°s utzonianos que el propio Utzon.

[4]¬† John Pardey habla de las ventanas de Can Lis como ‚Äúdedos extendi√©ndose hacia el mar‚ÄĚ a la manera¬† palladiana en el Teatro Ol√≠mpico.

A la vista de un croquis de la planta dibujado por el propio Utzon, un símil más zoomórfico me hace pensar en un racimo de anémonas marinas con sus tentáculos extendidos en busca de presas.

En 1995, Rafael Moneo en su art√≠culo ‚ÄúSobre la arquitectura de J√łrn Utzon: apuntes cordiales‚ÄĚ escrib√≠a:‚ÄĚLa arquitectura de Utzon dif√≠cilmente puede ser llamada escenogr√°fica‚ÄĚ. Y sin embargo, paseando a lo largo de la fachada que da al mar, en ese estrecho y extra√Īo per√≠stasis, un poco embarullado, que se forma entre las ventanas-dedos y el p√≥rtico exterior, tuve la sensaci√≥n de estar viendo el backstage de un teatro; viendo la tramoya, con los puntales que construyen el artificio escenogr√°fico del interior.

Es un poco lo inverso de los poblados recreados por el cine en los westerns: allí la apariencia real está en la fachada y la trampa se esconde en un interior que en realidad no existe. Pensé con inquietud que detrás de la máscara de la tragedia griega, se veían los ojillos de Robert Venturi.

5¬† Le Corbusier gustaba de decir con socarroner√≠a: "J‚Äôai un ch√Ęteau sur la C√īte d‚ÄôAzur, qui fait 3,66 m√®tres sur 3,66 m√®tres !"

 

 

© D’A digital COL·LEGI OFICIAL D’ARQUITECTES DE LES ILLES BALEARS